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In your face

julio 18, 2010

Se cumplen,  hoy 17 de julio, 11 años de la volcada que el Chapu Nocioni le hizo a Kevin Garnett y Tim Duncan, los dos mejores ala pivots de la NBA por aquel entonces. Ahora tal vez esté minimizada esta acción por los increíbles triunfos de la generación dorada y otras selecciones sobre el dream team.

Pero en aquel momento, las estrellas cayeron a la tierra como meteoritos.

10 cosas positivas que dejó el Mundial

julio 11, 2010

Para adaptarme al lenguaje de estos tiempos, acá van las 10 cosas positivas que, a mi entender, dejó el Mundial:

1. Llegaron a semifinales 4 equipos que tuvieron una idea de juego colectivo, que sabían lo que querían y cómo conseguirlo. Recuerdo que en los últimos 3 o 4 mundiales, los periodistas y espectadores hablaban de que no se jugaba lindo,  de que ver los partidos era más un padecimiento que un goce.

Semifinales y finales atractivas y emotivas.

2. El pulpo que predice. Genial.

3. El penal de Abreu y los tres penales en España – Paraguay.

4. Uruguay reinvindicado. Tiene equipo y encontró su Diego. Mística copera en la atajada del campeonato.

5. Nuestro Diego, sol del sistema solar donde gira el planeta fútbol. Ganar, perder, no ganar, no perder. Ésa no es la cuestión.

6. Los sudamericanos al gobierno, los europeos al poder.

7. Sudáfrica. África un mes en la tapa de todos los medios del mundo y sigo sin saber quién fue Mandela. Vacaciones mentales.

8. Goles tecnológicamente polémicos.

9. Gracias a don Niembra me enteré que en Nigeria viven 150 millones de personas.

10. Se terminó el Mundial, ahora empieza el de basquet.

Refundarse

julio 3, 2010

Dos pesos pesados cayeron en cuartos de final de este mundial.

La historia del futbol rioplatense construyó, entre las décadas del 20 y del 50, un período de gloria que sostuvo la autoestima de la sociedad argentina y uruguaya durante muchos años, y que se fue a pique en la no clasificación de los charrúas y la derrota nacional contra Checoslovaquia en el mundial de Suecia del ’58.

La persistencia de un pasado heroico en las representaciones sociales condenó a los futbolistas uruguayos a sostener la carga del “enorme peso de la responsabilidad de reiterar dichos fastos épicos, emulando jugadores y triunfos maquillados, mitificados y obsesivamente necesitados por el imaginario simbólico psicosocialmente sentido”, como dice Rafael Bayce.

Dos pesos pesados cayeron en cuartos de final de este mundial. El de la historia futbolística uruguaya en blanco y negro, y el del presente argentino que estriba en el relato maradoniano y la calidad individual de sus jugadores a nivel de clubes.

Es posible que los jugadores uruguayos ya no sentirán la presión de los mitos fundacionales y clasificarán sin tanto sufrimiento en las próximas eliminatorias. Los argentinos, todavía atados a la ilusión del presente, doblemente presente, de sus jugadores en el exterior, necesitamos nuevos mitos… porque ya se empiezan a escuchar las voces de las nuevas generaciones que dicen “yo no lo vi campeón en el ‘86”.

La selección kafkiana (parte 1)

junio 29, 2010

A menudo nos referimos a determinadas situaciones de la vida diaria utilizando el adjetivo “kafkiano”, es decir, atribuyéndoles características propias de la obra de Franz Kafka. En otras palabras, establecemos una semejanza entre los relatos del escritor checo y momentos específicos de la cotidianidad. Es necesario pues, saber a qué aludimos con esta denominación.

Uno de los aspectos más significativos en las narraciones de Kafka es el absurdo trágico al que sus personajes se ven atados sin ningún motivo. Absurdo, por lo inverosímil y el sin sentido de las circunstancias que afectan al protagonista (sea Gregorio Samsa, Josef K., el agrimensor, etcétera); trágico, porque esas circunstancias siempre actúan en perjuicio suyo. Comúnmente, se usan las metáforas de la pesadilla y del laberinto para representar un estancado transcurrir del tiempo en que los personajes intentan encontrar una salida a sus problemas o alcanzar sus objetivos; lo cual nunca llegará a producirse. Éstas son, a muy grandes rasgos, las características del universo kafkiano.

La realidad nos presenta muchas situaciones que parecen tomadas de esta ficción, y el fútbol no es la excepción. Es difícil establecer cuándo comenzó esta historia, esta pesadilla; pero sí podemos afirmar que tiene como principal protagonista a Marcelo Bielsa y, por extensión, a los seleccionados nacionales de fútbol argentino y chileno que el mencionado dirigió y dirige.

La pesadilla.

El Mundial Corea – Japón 2002 es el ejemplo más claro del absurdo trágico padecido por el equipo de Bielsa. Pocos podían imaginar la tragedia de quedar eliminados en primera ronda, y menos de la manera insólita en que ocurrió. Argentina era un equipo que proponía atacar (con tres delanteros) desde el minuto cero hasta el noventa, avasallaba a su rival de turno, le impedía pasar la pelota de la mitad de la cancha y crear situaciones de peligro, pero…   …a ese ataque incesante se le opuso la absurda falta de gol; y a esa defensa segura, goles increíbles de pelota parada como común denominador e iniciadores de partidos kafkianos.

Pesadilla II

La inverosímil situación de la selección comenzó en el mundial, continuó en las eliminatorias para Alemania 2006, pero había tenido sus raíces en las eliminatorias pasadas, aunque en éstas sin el mencionado carácter trágico.

El capítulo siguiente sucedió durante la Copa América de 2004 jugada en Perú. Allí, hubo dos partidos característicos: el 0 – 1 contra México y la final contra Brasil que el país vecino ganó por penales.

En el primero, luego del único gol de tiro libre, Argentina se cansó de atacar a un rival abroquelado en la defensa, sin conseguir marcar el gol. En la final, si bien el equipo nacional logró convertir dos veces, Brasil empató en el último minuto de cada tiempo, llevando a definir los 90 minutos de merecimientos en un momento azaroso. Se sabe, se supo también en ese partido, la suerte no acompaña al entrenador en cuestión.

Durante las eliminatorias para Alemania ´06, el partido contra Paraguay refleja, una vez más, esta situación recurrente.

(Advertencia: no es necesario ver este video, contiene escenas que pueden ser perjudiciales a la salud).

Esta es la pesadilla de la que la selección no despertó, el laberinto del que el entrenador no logró encontrar la salida (los ansiados goles) a pesar de proponer un fútbol ofensivo, que acumulaba delanteros y estaba permanentemente caminando por la cornisa del arco.

El lector de Bielsa

Por último, resta ver cómo reaccionan los televidentes ante esta situación. Ya comparé, tanto a la obra de Kafka como a la selección argentina, con la metáfora de la pesadilla: ambas son irritables, insoportables o intolerables para el lector o espectador respectivamente. El equipo nacional junta excelentes jugadores y juega un fútbol vistoso, entonces, qué es lo que exaspera tanto al público.

Retomemos el concepto del estancado transcurrir del tiempo dentro del laberinto: el “Kily” o el “Chelito” desbordan y tiran el centro una, dos, tres veces; es rechazado por un defensor inglés, sueco, paraguayo o mexicano y vuelven a desbordar para que vuelvan a rechazar, y vuelven a…  Se crea la sensación de que Argentina no va a poder convertir ni aunque el partido se vuelva a jugar, es decir, la selección está detenida en el tiempo sin poder avanzar en la búsqueda del gol (la salida del laberinto). Ese es el efecto que buscó Kafka al escribir, el que seguramente no buscó Bielsa al armar el equipo.

Quedan algunas conclusiones dando vueltas, que resumiré en la segunda parte, menos reiterativa y más breve que ésta…

Filolúdicos, poetáctica y escritécnica.

junio 24, 2010

Hace unas semanas volví a ver este clásico partido final entre las selecciones de Alemania y Grecia, que organizó el grupo de humor inglés, Monty Python…

… y la conjugación de dos campos del saber tan distintos, el deporte y la filosofía, me disparó las ideas para cualquier lado.

Apocalípticos.

La primera persona en quien pensé, después de ver el sketch, fue en Umberto Eco. El semiólogo italiano, en su libro La estrategia de la ilusión, describe las sensaciones que le provoca la práctica deportiva como espectáculo: “…el futbol ha estado para mí asociado a la ausencia de fines y a la vanidad del todo.” Cuenta que mientras miraba un partido con su padre, “…como si delante de mis ojos se desenvolviera una representación cósmica sin sentido…”, descubrió el sentimiento de “irrealidad cotidiana”.

Sarcástico y prejuicioso, al comienzo del texto se ataja ante la imagen que un supuesto lector puede llegar a hacerse de él como un pésimo futbolista, y reconoce la alegría que le provocan los “atletas destruidos psíquicamente” por la abstinencia sexual y las “familias arruinadas económicamente” por la reventa de entradas.

Incapaz de entender el sentido de lo popular, y los sentidos sociales subyacentes en el deporte, concluye en la primera hoja del capítulo sobre el Mundial ´78, que “lo bonito del fútbol es que jamás cambia”.

Lo bonito, el desafío, es notar los cambios imperceptibles que desde la sociedad se le imponen al deporte, y viceversa. En su defecto, luchar contra molinos de viento.

Cuestión que era el momento de preparar la venganza: ¡Cómo me gustaría incluir a Umberto Eco en la selección italiana!

Integrados.

Dice nuestro amigo pensador que “si (…) las Olimpiadas no se realizaran, pero fueran relatadas (…) con imágenes ficticias, nada cambiaría en el sistema deportivo internacional…”. Dicho y hecho, como nunca nada cambia, juguemos como jugamos los 30 millones de directores técnicos argentinos cuando hay que formar el equipo de nuestra selección, pero esta vez, los futbolistas serán quienes ustedes quieran que sean, con el criterio que sea.

No pude resistir la tentación de armar una Francia con pensadores de la segunda mitad del siglo XX. Estos son los elegidos:

1. Gerard Genette: al arco, donde comienzan las narrativas de la jugada.

2. Albert Camus: clave en el fondo para evidenciar el absurdo de la existencia del ataque rival.

3. Gilles Deleuze: no le cabe que el equipo contrario establezca sociedades para controlar la pelota.

4. Jean Paul Sartre: capitán, el ser y la nada juegan de 4.

5. Roland Barthes: quita y juega, desmitifica los relatos rivales y distribuye la significación de la jugada en sus lectores – atacantes.

6. Jacques Derrida: en dupla con Camus, apunta a deconstruir la ofensiva de los conceptos del adversario.

7. Edgard Morin: mete, va y viene; luchador incansable, está en todos los sectores de la cancha.

8. Pierre Bourdieu: la pausa, reconstruye la estructura de clases del rival para analizar sus trayectorias y estrategias.

9. Julia Kristeva: búlgara devenida francesa, de la escuela de Stoichkov. Goles son amores.

10. Michel Foucault: crack. Humilde como pocos, no le importan los monumentos que puedan levantar en su nombre, sino ir directamente a las fuentes del juego.

11. Simone de Beauvoir: mujeres al ataque, se complementa de memoria con las subidas del 4.

Ahí va. Se me ocurre una selección estadounidense de poetas beat, una argentina o uruguaya de escritores de ficción, de músicos de rock ingleses o cineastas iraníes, de directores de cine mudo, representantes de alguna vanguardia artística o políticos respetables. Pero me exceden los conocimientos y el tiempo.

Eso sí, a Eco le doy la 10, la cinta de capitán y le dejo patear los tiros libres en la selección italiana.

Manute

junio 22, 2010

Siempre me gustó del basquet el modo de estructurar las diferencias en el cuerpo y los caminos que asumen algunos jugadores para hacer, de la desestructuración, una construcción de  subjetividades. Las posiciones en la cancha te dicen que el más alto es pivot y el más bajo es base, que es más útil que el primero se ubique cerca del aro y el otro distribuya la pelota.

Así, cada jugador va ocupando un lugar y un rol, a partir de sus características físicas y sus habilidades. Construye, con sus poderes y puntos débiles, un personaje.

Este sábado falleció Manute Bol, el pivot sudanés que medía 2,31 metros y jugó diez años en Washington, Golden State, Philadelphia y Miami. Proveniente de la tribu dinka, viajó a Estados Unidos en 1984 para comenzar a jugar para la Universidad de Bridgeport en Connecticut, donde llegó a meter 15 tapas en un partido y promediar 22.5 puntos en la temporada.

Debutó en 1985 con los Washington Bullets y pronto se convirtió en una atracción para la liga y el mundo deportivo, por sus tapas (superaba las 10 por partido), sus triples, su delgadez (120 kilos) y los enfrentamientos con Spudd Webb (el base de 1,69 metros) o Tyrone “Muggsy” Bogues (1,60 metros).

Siempre se recuerda que la altura que figuraba en su pasaporte, alrededor de 1,80 metros, se debía a que en su país lo habían medido sentado. También existe la historia sobre el león que Manute mató con una lanza en su adolescencia, o la primera vez que quiso encestar la pelota y se rompió los dientes contra el tablero.

Su soledad y extravagancia en un mundo ajeno, como un personaje salido de una película de Tim Burton, no lo hicieron olvidar de su Sudán natal. Participó con donaciones a la guerrilla de la guerra civil iniciada en 1983, que enfrentó a los musulmanes ricos del norte con las tribus pobres del sur. Luego, apoyó una iniciativa de paz y hasta el sábado fue un miembro activo de Sudan Sunrise, una organización que busca la reconciliación de las distintas comunidades que habitan en el sur del país.

Fuera de las canchas, Manute creció entre dos países que viven (a su manera) en un permanente estado de guerra. Adentro, fue uno de esos superhéroes de historieta que el cine no puede dejar de retratar.

junio 20, 2010

No sé bien cómo empezar a presentar este blog, qué decir, con qué tono hablar o escribir, si mucho o poco, y si hablaré o escribiré. Supongo que algo parecido debe sentir el eterno suplente cuando le toca entrar a la cancha.

Creo que este espacio nace de esa identificación con el que debe quedarse apreciando todo desde afuera porque no tiene ni tendrá la oportunidad de participar, y en ese comer banco, imagina cosas para matar el tiempo.

Es su momento creativo, su sentido de un juego con reglas imprevisibles, el que propongo acá para abordar el deporte. Entenderlo desde el delirio y la invención de otra realidad entre tantas, desde lo lúdico y lo onírico para romper con lo cíclico.

Sugerir relaciones entre el deporte y la cultura popular (la escultura, la pintura, la danza, la música, el teatro, y más) es reivindicar al Comebanco, no como protagonista, sino desde su juego.

En fin, espero que les guste.

¡Bienvenidos!

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